LA SUFICIENCIA DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS
Un llamado a volver a la Palabra de Dios
Por Rv. Jhony Montaño S.
Con claridad y poder, el Dios eterno habló a través de su profeta Isaías: “YO, YO SOY el SEÑOR, y fuera de mí no hay salvador” (Isaías 43:11). Este mensaje, pronunciado en un tiempo de declive nacional y de amenazas a la fe del pueblo, sigue siendo relevante hoy, recordándonos la necesidad de mantener nuestro enfoque en el único Dios verdadero.
Estoy convencido de que, en nuestros días, necesitamos escuchar este llamado: volver nuestra mirada a Dios a través de su Palabra. Alguien dijo: “Sola Scriptura es el principio sobre el cual la iglesia evangélica de nuestros días se levanta o se cae”. Esta expresión refleja lo que debería ser nuestro sentir como Iglesia Presbiteriana Cumberland. En una época donde ideas, filosofías y creencias compiten con la eterna Palabra de Dios, debemos obedecer la advertencia del profeta en Isaías 8:20: “¡Busquen las instrucciones y las enseñanzas de Dios! Quienes contradicen su palabra están en completa oscuridad”.
Durante la época de Martín Lutero, la controversia giró en torno a la doctrina de la justificación por la fe, debido a que la Iglesia de Roma vendía indulgencias, es decir, el perdón de los pecados a cambio de dinero. Hoy, la gran controversia es si enseñaremos, creeremos y obedeceremos la Palabra de Dios, o si la rechazaremos, de manera pública o encubierta.
Las palabras del profeta son claras, contundentes y confrontantes, y nos llaman a reflexionar sobre la suficiencia de las Sagradas Escrituras. Es alentador encontrar en nuestra confesión de fe esta declaración:
“La Palabra de Dios hablada en las Sagradas Escrituras y por medio de ellas, debe ser comprendida a la luz del nacimiento, vida, muerte y resurrección de Jesús de Nazaret. La autoridad de las Sagradas Escrituras se basa en la verdad contenida en ellas, y en la voz de Dios que habla a través de ellas” (Confesión de fe, 1.06).
¡La invitación es clara! Debemos volver, sin vacilaciones ni excusas, a la única fuente de autoridad que tenemos como Iglesia Presbiteriana Cumberland: la Palabra de Dios. Ella es infalible, eterna, inerrante, vigente, relevante, suficiente y atemporal.
¿Por qué es tan importante resaltar la suficiencia de la Palabra de Dios? Porque cuando es aceptada y aplicada, transforma nuestras vidas, nuestros corazones, nuestras comunidades y la sociedad. La Palabra no solo nos da la ley de Dios ni revela su carácter y la historia de la redención; más allá de eso, nos ofrece una cosmovisión centrada en Él. Nos da lentes para ver el mundo de acuerdo con la perspectiva bíblica, guiando nuestro pensar, actuar y decidir.
Vivimos tiempos de incertidumbre, de ideologías cambiantes y de verdades relativizadas. Esto nos desafía, como Iglesia Presbiteriana Cumberland, a estudiar, meditar, creer y vivir la Palabra de Dios. Ella es la voz viva de Dios, inspirada, inerrante y suficiente para guiarnos en la fe y la práctica cristiana.
En medio de la confusión y el engaño, Dios nos recuerda que su Palabra es suficiente, poderosa y eterna. Así como Timoteo fue llamado a permanecer en las Sagradas Escrituras (2 Timoteo 3:14), nuestra iglesia debe aferrarse a ellas como única guía segura. La Biblia no es un accesorio espiritual; es el manual de vida que nos equipa para vivir y servir en un mundo necesitado de la verdad de Cristo.
¡Que Dios nos ayude a atesorar estas verdades en nuestros corazones! Y que juntos podamos afirmar con convicción: “¡Sola Scriptura es nuestro grito de batalla y Soli Deo Gloria nuestra meta!”.



