PUERTAS QUE SE CIERRAN Y PUERTAS QUE DIOS ABRE.
Una reflexión pastoral
Rev. Jhony Montaño Solís
“He aquí, he puesto delante de ti una puerta abierta, la cual nadie puede cerrar”. Apocalipsis 3:8.
La reciente decisión de la Asamblea General de nuestra amada Iglesia Presbiteriana Cumberland de aprobar el cierre del Seminario Bíblico de Memphis ha suscitado en nosotros una comprensible mezcla de sentimientos. Tristeza, nostalgia, preguntas sin respuestas inmediatas, preocupación e incertidumbre han acompañado este momento histórico. Preguntas como: ¿qué viene ahora?, ¿hacia dónde nos dirigimos?, ¿habrá nuevas oportunidades? resuenan en el corazón del cuerpo pastoral y de la iglesia en general. Porque no se trata simplemente del cierre de una institución académica, sino del final de una etapa significativa en nuestra historia denominacional. Precisamente por ello, este acontecimiento nos convoca a una reflexión pastoral profunda, madura y espiritualmente responsable.
El cierre de una puerta no implica negar el pasado ni minimizar la obra que Dios realizó a través de ella. Durante décadas, el Seminario Bíblico de Memphis fue un instrumento que el Señor usó para formar pastores, líderes y siervos fieles al evangelio y a la Palabra de verdad. Su legado permanece vivo en quienes fueron formados allí y hoy sirven a Dios y a esta denominación en diversos contextos del Reino. Por ello, como iglesia, estamos llamados a honrar ese legado con gratitud. Decir gracias es una manera santa de despedida. Nuestro Dios es un Dios que honra las etapas cumplidas y, como enseña Josué 4:1–7, nos invita a hacer memoria de sus obras mientras nos llama a avanzar hacia lo nuevo. Este momento también nos confronta con una pregunta sensible pero necesaria: ¿cómo estamos administrando lo que Dios ha puesto en nuestras manos como denominación? Jesús enseñó que la fidelidad en la mayordomía es una expresión de madurez espiritual (Lucas 16:10–12). Congregaciones, instituciones, recursos, liderazgo, tiempo y oportunidades no nos pertenecen; nos han sido confiados. Cuando una obra llega a su fin, es saludable examinarnos con preguntas de interés que nos muevan a mejorar nuestro proceder. ¿Hemos discernido bien los tiempos? ¿Hemos administrado con sabiduría los recursos confiados? ¿Hemos sabido adaptarnos sin perder nuestra identidad y misión? ¿Qué estamos entregando a la siguiente generación? Estas preguntas no buscan señalar culpables, sino fomentar una cultura denominacional más consciente, responsable y dependiente del Señor.
Ante toda esta realidad una verdad salta a la luz, la cual debemos proclamar con claridad; y es que la misión de Dios no depende de una institución, sino del Dios que la lleva a cabo. A lo largo de la historia bíblica y de la iglesia, vemos que el Señor continúa su obra aun cuando los hombres fallamos, las estructuras cambian o desaparecen. El apóstol Pablo lo expresa con profunda convicción: “Yo planté, Apolos regó; pero Dios dio el crecimiento”. 1 corintios 3:6. Las formas pueden transformarse, pero el llamado a hacer la obra de Dios con dignidad, valor, entrega, pasión y convicción permanece intacto, porque nuestro Dios sigue siendo soberano y fiel.
Ahora bien, cuando una puerta se cierra, no necesariamente estamos ante un fracaso, sino que muchas veces, ante una oportunidad para discernir nuevas formas de obediencia. Como denominación Presbiteriana Cumberland, no estamos en derrota. Dios sigue obrando y llamándonos hacia adelante. Este, puede ser un tiempo propicio para repensar nuevos modelos de formación ministerial, desarrollar procesos locales y globales más intencionales y sostenibles, y seguramente fortalecer la colaboración entre iglesias, presbiterios y liderazgos en general. Nuestro Dios es aquel que llama las cosas que no son como si fuesen, y en su gracia siempre abre caminos donde parece no haberlos.
Animo a todo el cuerpo pastoral, personal administrativo y a nuestra amada denominación a vivir este tiempo como un llamado a orar, escuchar la voz de Dios y dejarnos guiar por su Santo Espíritu. Estamos llamados a caminar juntos con humildad, unidad y visión espiritual, confiando en que “el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo”. Filipenses 1:6. Oro pidiendo que el Señor nos conceda sabiduría para administrar fielmente lo que hoy nos ha confiado y fe para cruzar las puertas que Él abrirá mañana. ¡A Dios sea la gloria por siempre!



